La vorágine

Manifestación

Autores
Identificador
864513
Fecha de publicación
1946
Lugar de producción
Bogotá: A. B. C., 1946
Idioma
español
Nota de edición
Digitalización realizada por la Biblioteca Virtual del Banco de la República (Colombia)
Materias
  • Novela colombiana -- Siglo 20º
Notas
  • Derechos reservados Ministerio de Educación Nacional
  • Historias de aventuras; Novela colombiana; Selva
  • La Biblioteca Popular de Cultura Colombiana reedita en el presente volumen La Vorágine, novela que ha colocado a José Eustasio Rivera como uno de los primeros cultivadores del género en América. José Eustasio Rivera nació en 1889 y murió en Nueva York el 30 de noviembre de 1928. Sobre su obra poética se expresa así Nieto Caballero: "Ia primera impresión que dejan en el ánimo los versos de José Eustasio Rivera, es la de pujanza. Golpes de cincel soberbios sobre el bloque que se va rindiendo hasta mostrar, precisas e impolutas, las curvas insinuantes. Rivera esculpe sus sonetos. Son los de un poderoso artista descriptivo, en cuyos ojos parecen caber muchos horizontes y en cuya alma hierve la fuerza de la raza. No hay fiera cuyas costumbres ignore, ni ave o pez que le sean desconocidos. Su paciencia en unos casos, su imaginación en otros, les han hallado maravillosos secretos. Y ha sido un milagro de arte su revelación. Rey de las soledades, parece haber observado muchas veces desde la piragua, en el río caudaloso, esos majestuosos atardeceres saturados de melancolía, cuando las fieras apaciguadas se acercan a refrescar en el agua los hocicos sangrientos, en tanto que en losárboles umbrosos entonan su oración las aves de raros trinos y vistosos plumajes. Como Thoreau, Rivera ha estado tan en contacto con la naturaleza, que fácilmente se le puede imaginar de visita en las cavernas terribles, dialogando bajo las ceibas con los pájaros que han hecho su nido entre las ramas, amonestando a los peces como un taumaturgo medioeval, observando cuidadosamente la piel de los reptibles ... Y toda la inmensa tristeza de la tierra se quiebra como los rayos del sol por entre la majestad del paisaje. El alma dulce y romántica de esta raza, tempranamente sabia, aprisionada en los sonetos de Rivera, que tienen como ningunos la amplia cabeza y la resonante cola de que habló el Maestro, aletea cual mariposa. Ningún otro poeta se ha especialízado como éste en retratar lo nuéstro. Es el cantor robusto de los trópicos. En otro estilo, como si tuviera dos caras su alma, Rivera se ha manifestado místico, intuitivo, senotimental, fatalista, en dramas de podeross contorsión, impregnados de ese misterio que atrae como un vicio en el teatro del Maeterlinck. Son dramas en donde el verso permite darles a los sentimientos, en lenguaje de rosas, el valor de un símbolo. Rivera no se halla satisfecho. Sigue en su triunfal carrera tras de la conquista definitiva. No lo ha embriagado el licor de la gloria. En su desconcertante sencillez parece preguntarse por qué el público se arroba en la contemplación de una obra que a él no le satisface todavía". y Maximiliano Grillo dice: "Rivera es un carácter complicado. Parece un contemplativo, y es un hombre de acción, como decimos ahora. Es romántico y realiza a un mismo tiempo. Penetra con aire de desafío en el interior de las selvas !Y qué selvas! las del Orinoco y Amazonas,infiernos verdes, paraísos custodiadospor legiones dantescas, abismos de todas las fuerzas destructoras del organismo humano ydisolventes envenenados de todas las virtudes del alma. Un paso ha bastado a Rivera para escalar la Cima. Su novela quedará al lado de las más celebradas escritas en América. Señalará una etapa, una faz de la vida tormentosa y oscura, propia de los dominios que señorean los grandes ríos tropicales".
Enlace permanente
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